I want to be the bluebird. Singing, singing to the roses in the yard

lunes, 21 de febrero de 2011

DISCO SEMANAL #15: Butterfly House (The Coral)


El quinto disco de The Coral, "Butterfly House", salió al mercado en Julio de 2010 y, la verdad, no se puede decir que haya sido un éxito rotundo ni mucho menos. La banda que teloneó a Oasis durante su gira de 2005 no ha disfrutado de las buenas críticas (o, mejor dicho, la repercusión mediática) que a mi juicio merece el álbum. La cosa es triste, porque en su visita a Madrid tocaron en la Sala Caracol. Eso, obviamente no es malo (de hecho, es una sala mítica), pero sí que da una referencia sobre el volumen de público que se esperaba acudiera al concierto.

"Butterfly House" es un disco con una calidad inmensa, que poco a poco se derrite cálidamente en los oídos como cera. Desde la primera canción, "More than a lover", se reafirma la intención de la banda de cuidar al máximo las voces, con muchos coros de apoyo en casi todas las pistas. Creo que esto es una firma de autenticidad; una declaración de intenciones. En un mercado musical en el que las prisas hacen que temas creados para llegar al número uno de cabeza contengan una voz principal, un par de arreglos resultones o fáciles (y gracias), poner empeño en hacer que las melodías vocales signifiquen algo más y tengan peso verdadero en el disco, es... eso: una declaración de intenciones. Romper una lanza en favor de la calidad por encima del camino hacia el éxito utilizando la vía más corta.

Canciones con una deliciosa base acústica, coloreadas en todo momento por un goteo contínuo de guitarra eléctrica de sobradísimo criterio y envueltas en una atmósfera que, honestamente, no sé a qué lado de la frontera queda: si en el de la felicidad o el de la melancolía.

Escucho el disco y a ratos me parece estar oyendo a America, y, a ratos, a The La's. Y con eso, más o menos todo queda dicho... Mucha, mucha clase.



miércoles, 16 de febrero de 2011

Versionar no es cambiar la voz: Bittersweet Symphony

Hace días decía que era ésta la mejor canción jamás escrita. Pues bien, probablemente lo siga siga siendo.

No sé si a esto se le puede llamar exactamente versionar, pero está claro que Jay-Z tiene buen ojo para elegir una base sobre la que hacer algo nuevo. Una versión algo edulcorada, pero que no por ello viola la esencia ni la belleza de la original.

Para escuchar en REPEAT: Colorblind (Counting Crows)

Disfruten ustedes de este momento familiar, porque cada vez serán menos.

DISCO SEMANAL #14: In It For The Money (Supergrass)


¿Se acuerda alguien de este disco? ¿Entra en las conversaciones corrientes y molientes de los aficionados a la música? Difícil de decir. Yo me aventuraría a decir que no, supongo que porque soy un mal pensado. Si no viviste este disco en su momento o poco después, parece como si ya no existiese. Como si las canciones que nos parecían (y eran) buenísimas de repente hubieran sido vetadas en la radio y en cualquier programa de televisión. Hay canciones que aparecen con tan sólo sacudir un poco la ropa; ¿por qué hay casos como éste en que parece que no queda nada? Es una vida injusta, ésta.

El segundo disco de Supergrass, sea como sea, es una obra maestra de obligada escucha para los amantes de la buena música, como suelo decir. Por encima de nombres y nombretes, léase britpop o "los noventa" (que, ojo, uno se identifica con eso), este disco presenta doce temas alegres y directos, con unos sonidos guitarreros tan frescos como potentes, y sin ningún tipo de pretensión por encima del recopilar una serie de canciones en las que, por lo visto, parece que se lo han pasado bien durante su grabación y composición. Cómo no van a salir las cosas así...

Tonight, G Song, o Sun Hits The Sky, por nombrar algunas, son las joyas que esconde este magnífico disco. Sin complejos, sin miedo. Supergrass.

martes, 1 de febrero de 2011

DISCO SEMANAL #13: Wilderness Heart (Black Mountain)


Otro disco que suena a profundidades. Bajo el agua o bosque adentro, pero a profundidades poco concurridas, allí donde sólo se adentra nuestra mente de vez en cuando.

Black Mountain, con base en Vancouver -Canadá-, es un grupo que lleva en activo con ese nombre desde 2004, haciendo rock basado en influencias blues y de psicodelia. También afirman estar muy marcados por la Velvet Undergroud, lo cual no pongo en duda, pero si hubiera que valorar esa influencia sobre cada grupo que lo dice...

El "Wildernes Heart" encontraremos precisamente eso: blues, psicodelia, y salpicaduras de rock ácido en muchos de los temas. Sí, el término "rock ácido" viene derivado de aquellos grupos que escribían rock psicodélico bajo los efectos del ácido allá por los setenta, pero igual de importante que eso es el fondo musical que subyacía en esas composiciones: Dylan, Beatles, flok, blues, música hindú...

Un disco en el que parece haber una clara diferenciación entre temas eléctricos y acústicos; no es que haya demasiada mezcla. No obstante, las canciones son realmente buenas y, como se dice, tienen pegada. Y algunos arreglos de producción que se van descubriendo tras varias escuchas son tan sutiles como perfectamente encajan.

Un disco que no descubre la pólvora ni mucho menos, pero que suena muy claro y contundente tanto en lo referido a las canciones como en la concepción musical que parece haber detrás: tocar guitarras emulando a los mejores y tratar de aportar un grano de arena, lo cual no es nada fácil. Y si uno se lo pasa bien haciendo lo que le gusta, pues mire usted, acaba de encontrar la receta de la felicidad.



martes, 25 de enero de 2011

Para escuchar en REPEAT + Versionar no es cambiar la voz: My Back Pages (Bob Dylan)


Cómo no, del enorme e incomparable; del dueño de todos los adjetivos que siempre se le quedarán cortos, de Bob Dylan.

Una canción de la que se ha hablado mucho y se escribe aún más, sobre la cual la mayoría de los aficionados y expertos dice ser un conato de rechazo a la canción protesta por los derroteros que ésta había tomado: una suerte de sin sentido lineal y del que todo el mundo se podía estar aprovechando mientras atrás iba quedando la auténtica génesis de aquel concepto musical.

En cualquier caso, se trata de una pieza acústica -esto no era difícil- a la que muy pocos pueden acercarse para hacerle la más mínima sombra. Por su belleza, por su sencillez, y por la concisión tanto en la música como en las estrofas que canta. Evocadora de una nostalgia tan lejana como el mismo tiempo, y orbitando alrededor de un profundo y cansado sentimiento de melancolía, este tema lo es sencillamente todo. Sería difícil encontrar a alguien que incluso haya gozado del éxito musical más rotundo, que negara añorar haber querido componer con sus dedos esta canción. No es casualidad que tantos y tan diferentes artistas, conocidos o no, si es que eso importa mucho, hayan querido proponer su visión de la canción.

Así, deseo que si alguien lee este blog, quede prendado de ella para siempre.

Bob Dylan:



The Byrds:



The Hollies:



The Ramones:

DISCO SEMANAL #12: Phosphene Dream (The Black Angels)


Llevo unos cuantos días enganchadísimo a este disco. Supongo que hay temporadas en las que uno está mucho más receptivo a escuchar de buen gusto música más psicodélica que de costumbre, imagino que por un estado de ánimo infludo a saber por qué... pero el caso es que es así. Y no es que vayas caminando por la calle o mirando por la ventana del autobús y, de repente, te parezca que todo pudiera tornarse color verde y las nubes hacer figuras de elefantes haciendo gimnasia (que también pasará sin necesidad de ir hasta arriba de nada)... no. Sencillamente es que en tu cabeza esa música fluye, cosa que no sucede siempre. Al menos en mi caso particular. Aún así, aprovecho para declararme fan de la psicodelia.

Pues precisamente eso: un disco éste de The Black Angels básicamente de rock psicodélico. Término que seguramente hará que muchos se lleven las manos a la cabeza, recordando grupos plomíferos cuyas canciones jamás entenderemos por qué llegaron tan lejos... pero no. Es un disco que apetece escuchar por segunda vez. Es más, cualquier canción podría quedar bien en el próximo recopilatorio que le hagas a tu novia medio indie (espero que eso siga haciendo).

The Black Angels (nombre salido del tema "The Black Angel's Death Song", de la Velvet Underground) son de Austin, Texas. No vamos a recordar lo importante que es (y ha sido) Austin para el rock, que para eso ya hay camisetas a patadas que lo van recordando por ahí, pero... joder, nunca dejaré de preguntarme qué coño piensa el resto de Texas sobre Austin, en donde decenas de bandas de calidad proliferan como los modernos en la Gran Vía. Lo mismo a alguna hasta se le ocurre escribir un verso en contra de la pena de muerte.

"Phosphene Dream" es el tercer disco de estudio del grupo, y presenta diez canciones elaboradísimas y que enganchan desde el primer momento. Uno no tiene conciencia exacta de lo está escuchando, precisamente por esos aires psicodélicos que envelven este trabajo, pero ciertamente desde el primer tema uno queda atrapado en esa atmósfera etérea que crean los americanos sin, gracias a Dios, una producción barroca o pasada de rosca.

Muy recomendable. Yo, como digo, estoy enganchadísimo.