Hay artistas que en su paso por la historia de la música, en este caso, han dejado una huella tan profunda y verdadera, que podrían llover al día millones de páginas sobre su historia, hazañas y proezas, que aún así seguirían quedando en el tintero restos de su grandeza.
Nina Simone, sinónimo de jazz y blues, dueña de conceptos como rhythm & blues, es de esos.
Hace ya tiempo que descubrí a este tío, y hoy recordé tal temón que adjunto después de un tiempo en el congelador. Él y la banda son norteamericanos, y llevan en activo desde el año 2005. Lo cierto es que no hay mucho volumen de información sobre ellos en internet (y menos en las tiendas, evidentemente), así que escucharlos es fruto de una labor de investigación que os recomiendo no dejar pasar.
Cómo no, del enorme e incomparable; del dueño de todos los adjetivos que siempre se le quedarán cortos, de Bob Dylan.
Una canción de la que se ha hablado mucho y se escribe aún más, sobre la cual la mayoría de los aficionados y expertos dice ser un conato de rechazo a la canción protesta por los derroteros que ésta había tomado: una suerte de sin sentido lineal y del que todo el mundo se podía estar aprovechando mientras atrás iba quedando la auténtica génesis de aquel concepto musical.
En cualquier caso, se trata de una pieza acústica -esto no era difícil- a la que muy pocos pueden acercarse para hacerle la más mínima sombra. Por su belleza, por su sencillez, y por la concisión tanto en la música como en las estrofas que canta. Evocadora de una nostalgia tan lejana como el mismo tiempo, y orbitando alrededor de un profundo y cansado sentimiento de melancolía, este tema lo es sencillamente todo. Sería difícil encontrar a alguien que incluso haya gozado del éxito musical más rotundo, que negara añorar haber querido componer con sus dedos esta canción. No es casualidad que tantos y tan diferentes artistas, conocidos o no, si es que eso importa mucho, hayan querido proponer su visión de la canción.
Así, deseo que si alguien lee este blog, quede prendado de ella para siempre.
Podréis encontrar esta canción -entre otros- en un disco de Hooker que se llama "The Best Of Friends", en el que colabora con él una retahíla de grandes músicos como Clapton o Van Morrison. Un disco de obligada escucha para los amantes de la música, y, sin duda alguna, de cabecera para los apasionados del blues más hondo (aparece con Morrison originalmente en "Mr. Lucky" y, grabada sólo por Hooker, en "The Ultimate Collection").
Un tema de blues popular que se hizo famoso en la década de los años 30, compuesto por Johnny Green y Edward Heyman y posteriormente versionada por mnúltiples artistas como Billie Holiday o Louis Amstrong.
Esta versión de Hooker con Morrison es una verdadera joya, una obra maestra que empapa los oídos de quien la escucha. Impone con la autoridad de su hermosura el blues que sólo alguien como Hooker posee en sus dedos.
Se olvida uno, según va creciendo y llenando la maleta de trastos inservibles, de todo aquello que le hizo ser quien soñaba, al menos por un momento tan breve como un chispazo. Durante el segundo día consecutivo en el que la ciudad se levantaba invisible tras la niebla, me acordé de que ésta era la mejor canción que se escribió en la década de los noventa y que, afortunadamente para mí, nadie podrá quitarla de mi cabeza hasta que me cubra tierra húmeda.
Feliz año blablabla. Aunque ahora no esté muy claro a qué se dedican exactamente, hubo un tiempo en el que U2 escribían canciones realmente buenas, como es el caso. Me gusta porque además de ser un temazo dice una gran verdad: nothing changes on new year's day.
Concebida inicialmente como una durísima crítica a la administración del gobierno de George H. W. Bush, y mirada introspectiva hacia los Estados Unidos y sus problemas sociales allá por el final de la década de los ochenta, "Rockin' in the free world" ha traspasado cualquier frontera musical hasta convertirse en un himno de la libertad, una lanza rota en defensa de los derechos del hombre a base de los hachazos que asesta a su guitarra el rock and roll hecho persona: Neil Young.
Esta canción, gracias a quien sea, ya ni siquiera le pertenece a la época en la que fue escrita ni a aquellos de quienes fundamentalmente hablaba. Su brutal intensidad musical, la crudeza de unos versos escritos con el corazón en un puño, y el torrente eléctrico que envuelve la producción de sus casi cinco minutos, se han apoderado día tras día de cientos de miles de significados y momentos de la historia que, al menos yo, he conocido. Y así como uno que escribe, otros tantos incontables de generaciones anteriores además de, no me cabe duda, los que pertenezcan a las que están por llegar.
Neil Young ha contribuído al establecimiento de esta canción como un himno no sólo por haberla escrito, sino por forjar, además, una auténtica leyenda alrededor de sus acordes en tantas interpretaciones épicas en directo, lugar -el escenario- sobre el que Young sí que se convierte incontestablemente en un ser superior. Y cuando digo épicas, me refiero a ÉPICAS. A todo cuanto la imaginación de uno esté dispuesta a aceptar en el saco de palabras que definan a ese término. Y, más allá, también.
Os pongo los enlaces de la versión de estudio y algunas más.
Enérgica, deprimente, esperanzadora, áspera. No es sólo una canción; es un manual para la vida.
Le versión de estudio:
Acústica incluída en el disco "Freedom":
Interpretación junto a Bruce Springsteen en 2004. Una genial muestra de cómo Neil se merienda todo cuanto encuentra a su paso sobre el escenario. Guitarras como catedrales:
Sencillamente espectacular. Tan hermosa musicalmente como profunda es su letra. No creo que en la década de los 00s se haya escrito algo que tan sólo se acerque a un himno de semejante magnitud.
"So don't forget or don't pretend it's all the same now in the end. It was set in a different life... destroys my days and haunts my nights?"